Archivos de la categoría Cuentos

El tren que no conduce nadie.

De Francisco García Pavón.

No sé bien si este primer escalofrío de mi vida lo he sentido al bajar el cristal de la ventanilla para que saliera el humo del cigarro, o un momento antes, y que vi entre nubes, cuando el revisor abrió la puerta para contar los asientos libres. Lo cierto es que, al sentirlo, me he arrebujado tan apretadamente entre los brazos de mamá, que ella, un poco sorprendida, me ha mirado con esos ojos claros que pone tan dulzones cuando los fija en mi cara.

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El Paraíso era un autobús.

Juan José Millas.

Él trabajó durante toda su vida en una ferretería del centro. A las ocho y media de la mañana llegaba a la parada del autobús y tomaba el primero, que no tardaba más de diez minutos. Ella trabajó también durante toda su vida en una mercería. Solía coger el autobús tres paradas después de la de él y se bajaba una antes. Debían salir a horas diferentes, pues por las tardes nunca coincidían.

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El león.

Jean de la Fontaine.

El Sultán Leopardo, tenía en otros tiempos, como obligado tributo, muchos bueyes en sus praderas, muchos ciervos en sus bosques, y muchos carneros en el llano.

Nació un León en la selva vecina. Después de muchos cumplimientos, como se acostumbra entre los grandes, el Sultán llamó a su Visir el Zorro, que era hombre experimentado y hábil político. Sigue leyendo El león.

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La leyenda de Tristán e Isolda (parte 5).

La muerte.

¿Cómo contar, señores, la muerte de los jóvenes?

Lejos de Isolda, enloqueció Tristán.

Viaja por tierras lejanas, mas en ninguna encuentra la paz que ansía su corazón.

De Bretaña, en donde mora, parten mensajeros en busca de Isolda la Reina. Con engaños llévanla a bordo de la nave equipada por Tristán. Levan ancla y el soplo de Dios hincha las velas alejando el barco de las costas de Cornualles. Sigue leyendo La leyenda de Tristán e Isolda (parte 5).

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La leyenda de Tristán e Isolda (parte 4).

El pino.

Sabed, señores, cómo al llegar a Cornualles el navío de Tristán, casó Isolda con el Rey Marcos, entre la alegría de vasallos y barones.

Los nobles la honraban y los humildes la querían. Pasaba el día en alcobas pintadas ricamente y tapizadas con flores. Suyos eran los joyeles deslumbrantes, suyas las telas de púrpura de Tesalia, suyos por fin los cantos de los artistas.

No obstante, la desgracia roía su corazón. Amaba a Tristán. Sigue leyendo La leyenda de Tristán e Isolda (parte 4).

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La leyenda de Tristán e Isolda (parte 3).

El filtro.

Cuando llegó el tiempo de entregar a Isolda a los caballeros de Cornualles para que la llevaran a su rey, la madre de la princesa fue al bosque a recoger hierbas, flores y raíces, las mezcló en un poco de vino y aderezó, de esta suerte, un brebaje poderoso. Con ayuda de la magia lo vertió en un ánfora de barro cocido, y, en secreto, dijo a Berengueana, la doncella de Isolda:

–“Seguirás a Isolda al país del Rey Marcos y puesto que la quieres con cariño leal, oye mis palabras y cúmplelas. Esconde este barro de modo que, durante el viaje, ningún ojo le vea ni la toque labio alguno. Pero, en la noche de las bodas, vierte este vino en una copa que deberán beber juntos el Rey Marcos y la Reina Isolda. Cuida, hija mía, que nadie, sino ellos, beba de este brebaje pues tiene tal virtud que quienes de él beban, se aman para siempre, durante la vida y más allá de la muerte.” Sigue leyendo La leyenda de Tristán e Isolda (parte 3).

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La leyenda de Tristán e Isolda (parte 2).

La bella de los cabellos de oro.

Vivían en la corte del Rey Marcos cuatro barones, los más desleales y pérfidos de los hombres. Odiaban a Tristán por su hermosa gallardía y, sobre todo, por el tierno amor que el monarca le dispensaba. Señores, bien sabré deciros sus nombres: Andrés, Ganelón, Gondoíno y Denolao. Sigue leyendo La leyenda de Tristán e Isolda (parte 2).

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La leyenda de Tristán e Isolda (parte 1).

Infancia de Tristán.

¿Queréis, señores,, oír un hermoso cuento de amor y de muerte?

Es el de Tristán y de Isolda, la reina. Oíd cómo se amaron y murieron.

En los antiguos tiempos reinaba el Rey Marcos en Cornualles de Inglaterra. Al saber que sus enemigos se preparaban a guerrear contra él, su amigo, el Rey Rivalen, cruzó el mar para llevarle su ayuda. Lo sirvió con la espada y con el consejo como le hubiera servido un vasallo y, en recompensa de su fidelidad, Marcos le entregó en matrimonio a la Princesa Blanca Flor, hermana suya a quien el Rey Rivalen amaba con maravilloso amor. Apenas desposado con ella, la noticia de que su viejo enemigo el Duque Morgan había, durante su ausencia, invadido su reino y arruinado sus burgos y sus campos, le hizo embarcar en compañía de Blanca Flor, hacia la tierra lejana. Frente al Castillo de Canoel desembarcó, confiando la vida de la reina a la salvaguardia de su mariscal Roalt a quien todos, en consideración de su lealtad, llamaban “el fiel Roalt”. Reunió el rey a sus barones y partió con ellos a la lucha. Sigue leyendo La leyenda de Tristán e Isolda (parte 1).

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El burro que no tenía ni corazón ni oídos.

En cierto lugar de un bosque vivía un león llamado Karalekesara, que tenía como constante compañero a un chacal llamada Dhusakara. Un día, al luchar con un elefante, el león recibió en su cuerpo tan fuertes heridas que se quedó sin poder mover ni una pata. De ello resultó que Dhusakara iba enflaqueciendo y el hambre le roía la garganta. Un día dijo al león:

–Señor, me atormenta el hambre, no puedo dar ni un paso. ¿Cómo voy a poder servirte así?

El león dijo:

–Escucha: vete y busca cualquier animal, que yo lo mataré a pesar de mi estado. Sigue leyendo El burro que no tenía ni corazón ni oídos.

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