La leyenda de Tristán e Isolda (parte 5).

La muerte.

¿Cómo contar, señores, la muerte de los jóvenes?

Lejos de Isolda, enloqueció Tristán.

Viaja por tierras lejanas, mas en ninguna encuentra la paz que ansía su corazón.

De Bretaña, en donde mora, parten mensajeros en busca de Isolda la Reina. Con engaños llévanla a bordo de la nave equipada por Tristán. Levan ancla y el soplo de Dios hincha las velas alejando el barco de las costas de Cornualles.

Desde el más alto peñón, Tristán, enfermo, espera. Sus ojos interrogan el mar. Mas la debilidad lo vence y el brillo del sol que reverbera sobre las olas de acero, ciega sus pupilas.

Los marineros le dijeron al partir:

–“Si ves una vela blanca en la nave, cuenta con la llegada de Isolda.”

–“Negra la traerá si no viniere –dijo Tristán—y moriré.”

En su inquietud pregunta a quienes le rodean.

Dice una voz:

–“¡La nave trae velas negras! ¡La nave trae velas negras!”

La vida de Tristán se escapa de su pecho. Tres veces exclama:

–“Isolda, amiga” y su alma vuela.

Sobre su cuerpo, la rubia Isolda, al llegar, no vierte una lágrima. Dóblase su talle con flojedad de agonía y cae muerta a su lado, para siempre ya su compañera.

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