Amor maternal.

Amor maternal (Cuento indígena).

Cierta vez una zorrita que caminaba por un camino se distrajo por seguir una agachona, y cuando acordó ya se había alejado, y cuando volvió ya no encontró a su hijo el zorrito que le seguía, y se puso a llorar.

Pero viendo que nada ganaba con llorar, se fue anda y anda, y a cada animal que encontraba le preguntaba: Dime, hermano lobo, ¿no encontraste acaso a mi hijo el zorrito que se me ha perdido? Y el lobo le contestaba: No lo he visto, hermana zorrita. Así pasaron varios animales, hasta que acertó a pasar un coyote y entonces la zorrita le dijo: ¿no has visto acaso a mi hijo el zorrito que se me ha perdido? El coyote aguzó las orejas, se paró y le dijo: ¿Cómo es tu hijo, hermana zorrita? Y la zorrita le contestó: es blanco, tiene el hociquito de ámbar, los ojitos azules, la piel de terciopelo, la cola afelpada, las orejitas de ante, las patitas de seda…

–¡Hum! –dijo el coyote– el que yo he visto morir, hermana, era un zorrito prieto, legañoso, pitañoso, con las orejas gachas, el hocico sucio, la cola pelada, y flaco que apenas podía tenerse en pie de pura hambre…

–¡Ay, ay! –gimió la zorra– ¡Ese es mi hijo!

–¡Oh, pues como tú me dijiste que tu hijo era muy bello!

–Pero, hermano coyotito –replicó la zorra entre sollozos–,  ¿qué no sabes que para una madre no hay hijo feo?

Versión recogida por Rubén M. Campos.

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